Lorenzo Peña y Gonzalo

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Hoy me considero, antes que nada, un jurista, un hombre dedicado al Derecho. Por esa autoidentificación profesional y vocacional estoy afiliado al Ilustre Colegio de Abogados de Madrid, sin haber ejercido nunca el noble oficio de letrado; lo cual no me impide sentir satisfacción cuando me describen como "un abogado".

El Derecho al que me consagro en cuerpo y alma es la Nomología filosófica, el estudio académico del espíritu y del fundamento de los sistemas normativos como instituciones funcionalmente destinadas a promover y salvaguardar el bien común.

Tal dedicación guarda un estrecha afinidad con la filosofía política republicana que trato de desarrollar y que he expuesto en mi libro ESTUDIOS REPUBLICANOS, 2009.

La filosofía jurídica y política sólo empezó a ser el foco de mis estudios a mediados de los años noventa. Antes me había consagrado a la lógica matemática, la metafísica, la filosofía del lenguaje y, marginalmente, la historia de la filosofía, materias que enseñé en mi desempeño como profesor en la Universidad Pontificia del Ecuador y, posteriormente, en la de León, hasta que en 1987 accedí a la plaza de Investigador Científico en el CSIC.

Cabe subsumir lo producido en aquel período de mi vida (1973-95 aproximadamente) bajo el rótulo de "la ontofántica", un neologismo que acuñé para significar la indagación del ser desde su aparecer en el lenguaje.

El hilo conductor que va de mi precedente temática lógico-metafísica a la actual nomológico-jurídica es la lógica: una lógica contradictorial y gradualista sobre la cual he desarrollado una nueva lógica de las normas, la lógica jurisprudencial (también denominada `lógica juridicial' o `lógica nomológica').

martes, agosto 08, 2006

memoria histórica (continuación)

Una de las mayores vergüenzas de la transición española y del régimen monárquico afianzado en ella es que se haya escamoteado y disimulado el balance de la sanguinaria y antinacional tiranía franquista. Otros pueblos, enfrentados a un pasado reciente menos doloroso y sangrante que el nuestro, encontraron sin embargo vías propias de hacer ese balance de manera que hubiera un grado de justicia compatible con un proceso de reconciliación; una reconciliación en el reconocimiento de la verdad, al menos hasta cierto punto. Cuando lo sucedido en España con la agresión germano-italiana, secundada por Francia, Inglaterra y los Estados Unidos, contra la República Española, y el régimen de terror y exterminio que duró cuatro decenios, cuando eso es cien veces más cruel que las tiranías militares de América Latina juntas, suscita perplejidad que los tribunales españoles enjuicien a responsables de matanzas en América Latina y no haya habido ningún procedimiento judicial ni de ningún otro tipo en España para sancionar, al menos moralmente, lo sucedido aquí. La paja en el ojo ajeno molesta más que la viga en el propio. Pero la solución no puede ser la de que una Ley diga la verdad de lo que ha pasado, y obligue a repetir esas verdad oficial. Tiene que haber otra solución. ¿Cuál? Continuará. Lorenzo Peña Ver: la página de ESPAÑA ROJA