Lorenzo Peña y Gonzalo

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Hoy me considero, antes que nada, un jurista, un hombre dedicado al Derecho. Por esa autoidentificación profesional y vocacional estoy afiliado al Ilustre Colegio de Abogados de Madrid, sin haber ejercido nunca el noble oficio de letrado; lo cual no me impide sentir satisfacción cuando me describen como "un abogado".

El Derecho al que me consagro en cuerpo y alma es la Nomología filosófica, el estudio académico del espíritu y del fundamento de los sistemas normativos como instituciones funcionalmente destinadas a promover y salvaguardar el bien común.

Tal dedicación guarda un estrecha afinidad con la filosofía política republicana que trato de desarrollar y que he expuesto en mi libro ESTUDIOS REPUBLICANOS, 2009.

La filosofía jurídica y política sólo empezó a ser el foco de mis estudios a mediados de los años noventa. Antes me había consagrado a la lógica matemática, la metafísica, la filosofía del lenguaje y, marginalmente, la historia de la filosofía, materias que enseñé en mi desempeño como profesor en la Universidad Pontificia del Ecuador y, posteriormente, en la de León, hasta que en 1987 accedí a la plaza de Investigador Científico en el CSIC.

Cabe subsumir lo producido en aquel período de mi vida (1973-95 aproximadamente) bajo el rótulo de "la ontofántica", un neologismo que acuñé para significar la indagación del ser desde su aparecer en el lenguaje.

El hilo conductor que va de mi precedente temática lógico-metafísica a la actual nomológico-jurídica es la lógica: una lógica contradictorial y gradualista sobre la cual he desarrollado una nueva lógica de las normas, la lógica jurisprudencial (también denominada `lógica juridicial' o `lógica nomológica').

lunes, abril 11, 2011

Viva el Presidente Laurent Gbagbo

¡Muera la ONU! ¡Viva el Presidente Laurent Gbagbo!
por Lorenzo Peña

2011-04-11


El colonialismo francés y la ONU han arrojado la máscara. Hasta hace unos días pretendían que sus tropas de ocupación en la República de Costa Ebúrnea (Costa de Marfil) estaban en ese país cual fuerzas neutrales, de preservación de la paz e interposición entre los cuerpos de seguridad del Estado y las milicias rebeldes.

Tras las elecciones del 28 de noviembre, el Consejo Constitucional --única instancia legítimamente habilitada por la Constitución para determinar el resultado del escrutinio-- proclamó electo al presidente saliente; pero la comisión electoral «independiente», controlada por la oposición, atribuyó la mayoría de los votos a S.A.R. el príncipe Alassane Ouattara, magnate de las finanzas, ex-alto dirigente del FMI y ex-jefe de gobierno del dictador vitalicio pro-francés Félix Houphouet-Boigny. El Príncipe Alassane Ouattara pertenece a una dinastía regia del norte y fue casado en Neuilly por Sárközy con una mujer de negocios francesa; es titular de una fabulosa fortuna y está vinculado a los máximos círculos de negocios de Washington y París. Ouattara (o Wátara) había promovido la sublevación militar de 2002 para tomar el poder po r la fuerza de las armas.

La ONU declaró válido el pronunciamiento de esa comisión. Todo el campo occidental --acaudillado por el imperialismo yanqui-- se abalanzó a degüello para derribar al Presidente constitucional, Laurent Gbagbo, contra cuyo gobierno habían lanzado ya la rebelión militar de 2002 --que contó con el respaldo de las tropas del colonialismo francés, las cuales en 2004 efectuaron una matanza entre la población ebúrnea.

Entre diciembre de 2010 y marzo de 2011 han ido montando una tentativa tras otra para destruir el régimen constitucional republicano de Costa Ebúrnea. ¿Quiénes? Los imperialistas, los colonialistas y la turbamulta de sus esbirros y testaferros africanos: los dictadores hereditarios, como Gnassingbé de Togo y Ali Bongo del Gabón; los militares golpistas (agentes del colonialismo francés), como Blaise Campaoré de Burkina Faso e Idris Deby del Chad; el apoderado anglo-norteamericano Goodluck Jonathan de Nigeria (que se ha colado en la presidencia gracias a la muerte providencial de su predecesor).

Esos demoníacos planes fueron estrellándose uno tras otro: una proyectada agresión armada del grupo regional afro-occidental, CEDAO; una reactivación de la insurgencia, que ocupaba ya más de la mitad del país desde su alzamiento de 2002; la asfixia económica, mediante la paralización bancaria y el embargo comercial (boicot de las exportaciones de cacao, principal riqueza del país); una intervención de la Unión Africana (ahora totalmente instrumentalizada por el neo-colonialismo, que es el que la paga); la agitación insurreccional entre el sector de la población oriundo del norte del país, fanatizado por los jefes tribales de fe coránica.

Todo fue en vano. Apoyado por la mayoría del pueblo ebúrneo, el Presidente Laurent Gbagbo seguía gobernando desde Abidyán.

Respaldadas por la fuerza ocupacional de la ONU y por la fuerza de intervención Licorne (Unicornio) del colonialismo francés, las hordas rebeldes avanzaron hacia el sur, perpetrando, gracias a ese auxilio, horrendas matanzas --cuyos tres instigadores son Ban Ki Mun, Barak Obama y Níkolas Sárközy.

Ni por ésas. Laurent Gbagbo seguía en el Palacio Presidencial de Abidyán. Entonces Sárközy urdió un nuevo plan: el consejo de inseguridad de la ONU (herramienta de la pentarquía imperial de las grandes potencias), violando flagrantemente la Carta de las Naciones Unidas, pronunció una prohibición del uso de armas pesadas en Abidyán. Los rebeldes de Alassane Ouattara perpetraron un nuevo asalto a la capital mediante su Quinta Columna; pretextando que las fuerzas gubernamentales, para repelerlos, habían usado armas pesadas, las tropas colonialistas se arrojaron al ataque, bombardeando y cañoneando con su habitual potencia destructiva; entre sus blancos estaba la radio-TV ebúrnea (ya que, por enésima vez, han declarado que es un blanco militar, igual que lo han hecho en Yugoslavia, en Mesopotamia y donde les dé la gana).

Aun ese ataque militar del colonialismo francés y de la ONU fracasó en un primer momento. Laurent Gbagbo seguía en pie y, con el apoyo masivo de la población capitalina, volvía a ganar terreno. Incluso la TV ebúrnea, milagrosamente, se restableció y volvió a emitir, bajo la autoridad del gobierno legítimo de la República. Esa derrota militar no la podían soportar los colonialistas, que volcaron entonces todo su poderío aniquilador hasta que han destruido los locales de la Presidencia y tomado cautivo al Presidente legítimo, mi tocayo Laurent Gbagbo.

Veremos ahora si éste corre la misma suerte de Patricio Lumumba, su predecesor en la lucha por la honra y la libertad de los pueblos africanos, en el combate contra el yugo colonial y contra la sujeción del hombre negro, que es el combate por la igualdad, la dignidad y la felicidad del ser humano.

Hay que movilizarse en el mundo entero para salvar la vida y la libertad de Laurent Gbagbo.